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martes, 28 de junio de 2011

La Isla registra casi un centenar de posibles casos de bebés robados


José F. Cabeza/Información-San Fernando

La isleña Chari Herrera saltó a la luz pública hace un par de años al denunciar el posible caso del robo de una hermana suya recién nacida en el 1975, cuando su madre dio a luz en San Rafael, aunque atendida por persona sanitario de lo que antes se llamaba Zamacola (hoy día Puerta del Mar).

Han pasado los meses y hoy día es la portavoz en la provincia de Cádiz de la recién constituida asociación SOS Bebés Robados, donde se trabaja en pro de guiar a aquellas familias gaditanas que podrían tener la sospecha de que sus bebés les fueron robados de la unidad familiar nada más nacer.

Hasta el momento, Herrera tiene conocimiento de que en la provincia de Cádiz se han detectado en torno a 300 casos de posibles robos de niños recién nacidos, llevándose la palma de largo San Fernando con una cifra que ronda el centenar de ellos. Eso sí, reseñar que de esos 300 sólo en torno a 80 han sido denunciados ante la Fiscalía, un “paso clave”, según la portavoz de la entidad, para que realmente las familias puedan esclarecer los hechos.

De hecho, en el caso de Chari Herrera denunció su situación con otras tres familias más ante la Fiscalía de Cádiz en julio de 2010, ésta derivó a la Policía en diciembre de 2010 para que iniciara las diligencias que considerase oportunas y, tras seis meses, la investigación ya ha concluido. Ahora la pelota está en el tejado de la fiscal jefe de Cádiz, que es la que debe de determinar si hay indicios de delito, o bien se archivan las denuncias presentadas.

De distintos periodos

Según los datos que manejan en la asociación SOS Bebés Robados, en el caso de San Fernando, la posible desaparición de los niños se produjo en distintas periodos de tiempo, comenzándose a detectar los primeros casos en el año 1954 y alcanzando prácticamente hasta mediados de los años 80.

Herrera afirma que son aún muchas las familias que no se atreven a dar el paso y denunciar el caso ante la Fiscalía. En este sentido, y a modo de guía de orientación, señala que todas aquellas familias que entiendan que les ha podido pasar una situación similar a la vivida por ella deben de hacer recopilación de documentación en el Registro Civil, el cementerio donde presumiblemente el bebé está enterrado y en el hospital donde se llevó a cabo el alumbramiento.

En el Registro Civil es quizás donde puedan encontrar más problemas, puesto que si el fallecimiento del feto se produjo antes de 24 horas deben de pedir un legajo de aborto, y si se superó esas 24 horas hay que solicitar un legajo de nacimiento y defunción, además de la partida de nacimiento y defunción. En el hospital lo que hay que reclamar es un certificado del parto y en el cementerio del enterramiento.

Una vez que se tenga recabada toda esa información es cuando hay que dar el siguiente paso y ponerlo en conocimiento de la Fiscalía. De todas modos, Chari Herrera ofrece un sitio de encuentro a través del dominio de la web cadiz@sosbebesrobados.es, así como les invita a una reunión que tendrá lugar el próximo 30 de junio en Jerez de la Frontera, donde se dará asesoramiento personalizado a todos los interesados.

Cuando tenía 15 años

Chari es hoy una mujer casada y con hijos, pero recuerda que la curiosidad por saber si su hermana estaba viva se inició cuando cumplió 15 años y se disponía a salir a la calle con sus amigas. Fue entonces cuando su padre le comentó que “si ves a una niña por ahí, pregúntale si tiene un antojo en el muslo, que puede ser tu hermana”. Hasta entonces, ella desconocía que su madre en el año 1975 dio a luz a una hermana mayor que ella y que, “supuestamente”, había fallecido a la madrugada siguiente de nacer.

Desde entonces, le fue dando vueltas hasta que en 2009 se decidió por dar el paso adelante y averiguar si esa historia que le contó su padre era cierta y si, realmente, existía la posibilidad de que su hermana seguía viva.
Recuerda que su madre le contó que en aquel año de 1975 se fue a dar a luz junto a su padre a San Rafael, aunque fue atendida por personal de la antigua Zamacola. “La niña llevaba la cabeza casi fuera”, afirma Chari, quien narra que posteriormente a su madre se la llevaron a la quinta planta y allí les estaba esperando una enfermera, desalojando además de la habitación al hombre que hasta entonces en ella estaba.

Nació la niña y su padre comprobó de primera mano que estaba en perfecto estado de salud, Luego, cuando le tocó el turno a su madre de visitarle sólo le dejaron media hora, cuando lo habitual es que esté con ella entre tres y cuatro. Constantemente dos enfermeras se llevaban de manera alterna a la niña, según Chari, porque les decían que “llamaba la atención por el antojo que tenía en el muslo” y “la querían enseñar a todo el mundo por lo bonita que era”.

Esa misma madrugada, con la niña ya en el nido, despertaron a su madre y le dijeron que ha fallecido por un fallo en el corazón. Poco después su padre, al que mandaron a su casa a dormir, apareció en el hospital y le comunicaron la noticia. Él pidió verla y le llevaron al depósito de cadáveres y le enseñaron un cuerpo pequeño envuelto, pero no le dejaron verle la cara alegando que eso no estaba permitido.

“Mi padre, que sabía escribir lo justo, firmó todo lo que le pusieron por delante”, señala Chari, quien añade que tres días más tarde su madre salió del hospital y ni siquiera la volvieron a llamar para decirle cuándo enterraban a la pequeña. Fue entonces cuando Chari Herrera comenzó a remover en el año 2009 cielo y tierra para buscar un halo de esperanza sobre su hermana y, por el camino, se ha encontrado con muchas incógnitas por resolver.

40 niños en un mes y una muerte con muchas dudas

En los dos años que Chari Herrera lleva volcada en esclarecer qué sucedió exactamente con su hermana en aquel año de 1975 ha hecho un master en investigación privada, y ha recopilado datos muy confusos que han provocado en ella que sus sospechas sobre la posibilidad que su hermana siga viva vayan creciendo.

El primer documento que logró rescatar fue en el Registro Civil con el legajo de aborto (cuando el bebé tiene menos de 24 horas). En el, que aparece firmado por su padre, se recoge que la niña falleció con siete meses y que la causa de la muerte fue por prematuridad. Algo cuando menos extraño, puesto que su padre la asegura que su hermana nació con los nueve meses cumplidos y que además él la tuvo en sus brazos.

El segundo, y quizás más llamativo, es el que consigue del Cementerio de San José de Cádiz, donde presumiblemente está enterrada la niña. En él se dice que hay 35 fetos en la misma sepultura y que en el caso de su hermana que la muerte se produjo por macerado, es decir, dentro de la barriga de la madre.

Además, posee un extracto de ese mismo cementerio en el que se observa que en el período comprendido entre el 1 de enero y el 10 de febrero de 1975 se produjo el entierro de 38 niños recién nacidos, la gran mayoría de ellos procedentes de Zamacola. “Es una media muy alta me parece”, señala Herrera.

Por el camino, y tras saltar su caso a la luz pública hace ya dos años, a esta isleña le han salido dos supuestas hermanas y que están dispuestos a hacerse la prueba del ADN para corroborarlo, aunque ella todavía no tiene decidido qué va a hacer puesto que no lo tiene del todo claro.

Su objetivo

Ahora mismo, lo único que quiere es que cuanto antes se aclare el caso suyo y el de los otros tres que denunciaron junto a ella. A partir de ahí, no parará hasta que no consiga lo que quiere que no es otra cosa que abrir la sepultura donde supuestamente fue enterrada su hermana en el año 1975 y “veríamos llegado el caso qué es lo que haríamos”.

De momento, seguirá adelante con su función como portavoz de la asociación constituida recientemente y ayudando a todas las familias que necesiten información en el que caso de que sospechen que las ha sucedido algo similar.