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martes, 4 de noviembre de 2008

VARELA, CÓMPLICE DE GENOCIDIO



Era lamentablemente previsible que no se le retiraran los honores al general golpista y genocida Varela, y que nada se haya dicho acerca del futuro de su estatua situada delante de nuestro Ayuntamiento. Tan tristemente previsible como que haya habido dos varas de medir para con los cómplices franquistas auto galardonados durante esa época gris, y que alguno –caso del ex alcalde García Ráez- haya salido indultado a pesar de haber tomado en su día a sangre y fuego la vecina ciudad de Puerto Real (ya Amere aportó en su día como prueba las actas capitulares de la Villa levantadas por los mismos fascistas). Y es que ciertos poderes fácticos siguen teniendo su peso en La Isla y condicionan la voluntad del bipartito PA/PP.

Miren ustedes: Varela no tiene sus manos limpias de sangre. Y no lo (decimos nosotros ni el más elemental sentido común, habida cuenta de su entusiasta participación en el golpe de Estado de 1936: lo dice el reputado historiador Francisco Espinosa, especializado en la guerra civil y la represión franquista en Andalucía.

Dice el historiador que el, por ahora, Hijo Predilecto de nuestra ciudad fue puesto por Franco al frente de una “columna de la muerte”, y no exagera. Remite Espinosa al libro “General Varela: Diario de Operaciones (1936-1939)”, obra del también historiador Jesús Núñez. En las páginas de dicho libro se constata “la absoluta desproporción entre las bajas de los golpistas y las bajas gubernamentales”. Y como expone Espinosa, la razón es simple: “las columnas de los africanistas no sólo iban realizando brutales razias en cada lugar que ocupaban sino que en su avance no dejaban ni heridos ni prisioneros; de ahí esas cantidades del diario de Varela: buena parte de esos cientos de bajas enemigas no son sino prisioneros aniquilados”.

Con todo, fue sobre todo un capellán jesuita, Fernando Huidobro Polanco, el que dejó un testimonio que Espinosa califica como “clave”. A Huidobro la sublevación le cogió en Friburgo, preparando su doctorado en Filosofía bajo la dirección de Heidegger. Rápidamente regresó a España y a finales de agosto se incorporó como capellán de la 4.ª Bandera de la Legión, con la que permaneció hasta su muerte en el frente de Aravaca en 1937.

Relata Espinosa que la particularidad de este capellán es que en octubre de 1936, “es decir, en el preciso momento en que Varela estaba al mando de las columnas que marchaban hacia Madrid, denunció las matanzas indiscriminadas de heridos y prisioneros”. Prosigue el citado historiador diciendo que el clérigo, “alarmado”, llegó a escribir que las dificultades que encontraron sorpresivamente los fascistas para entrar en Madrid eran “castigo por los crímenes incesantes que se están cometiendo de nuestra parte”. Envió las denuncias al círculo de Franco, al Cuerpo Jurídico Militar e incluso al propio Varela. Antes o después todos, hasta el mismísimo general Yagüe (responsable de la matanza de Badajoz), dijeron compartir sus cristianos criterios. “Pero –afirma Espinosa- la matanza estaba hecha”.

Y sirviendo de portavoz a cualquier demócrata que se vista por los pies, apostilla Francisco Espinosa: “¿A qué viene pues tanta duda sobre el monumento a Varela? Fue un traidor al juramento de lealtad que dio a la República; se situó fuera de la ley desde que se sublevó, y como uno más de la cúpula golpista y jefe de la segunda fase de la marcha hacia Madrid fue responsable de la desaparición de miles de personas inocentes. No parece que un individuo con este currículo, por muy querido que sea por familiares, admiradores y algunos biógrafos, merezca ocupar uno de esos espacios que las sociedades democráticas suelen dejar para las personas que merecen reconocimiento y constituyen un ejemplo a seguir”. Y Nosotros añadimos que nos parece increíble que algunos señores que se llaman progresistas o de izquierdas no reivindiquen, sin más, la aplicación de la ley, y que se anden con paños calientes, hablando de un Foro Ciudadano para debatir si la estatua de este genocida debe seguir o no donde está. Es cuestión de tiempo, de reivindicar la aplicación de la ley por todos los canales posibles –incluso el legal-, pero esa execrable mole gris tiene sus días contados. Y es más: el posicionamiento sobre su continuidad –incluidas dudas metafísicas- servirá para retratar incluso a quienes no tienen redaños para pronunciarse claramente, a pesar de que muchos y muchas de los asesinados por Varela y sus secuaces militaran bajo sus siglas.